dissabte, 25 de gener del 2014

El río Amazonas

Probablemente muchos de vosotros no lo sepáis pero el río Amazonas, ubicado diatópicamente en América del Sur, es el río más largo y ancho que encontramos en todo el planeta y como dice la ciencia, donde hay agua, hay vida. Bien pues, con un caudal tan elevado como podemos encontrar en las bajas corrientes del río Amazonas, la flora surge de donde quieras. Mires dónde mires, encontrarás flora, desde árboles tropicales a musgos enormes; desde fósiles de los antiguos seres vivos reposados en esas tierras hasta ámbar cristalizado y petrificado para el resto de la historia. Entonces, ¿por qué nos dedicamos a explotarlo? ¿Qué hay en él que nos interese más que la fauna y flora que pueda recaer en esos musgos tropicales? El petróleo. El petróleo es el dictador más genocida que ha existido nunca y siempre será así. Pues es tan fuerte el amor humano hacia esta substancia orgánica que deciden romper la dulce orquesta que suena en las sombras del suelo del Amazonas. ¿Y los naturalistas qué podemos hacer para arreglar esta situación? Solo hay dos vías: La primera sería la más absurda porqué no serviría absolutamente de nada, y sería ir al Amazonas y atarse a los árboles para que no los corten y así no les dejamos abrirse camino hacia el corazón de la selva. La segunda opción sería cambiar el sistema gubernamental que hay en los países más cercanos, hacia políticas más protectoras y más reservistas (mirando la naturaleza, evidentemente no cae duda de que socialmente hablando las políticas tienen que ser progresistas a no más). Pero como podemos comprobar, nosotros somos Europeos y no podemos hacer nada para cambiar una cosa que no es ni de nuestro país (por desgracia). Así pues, como reflexión social, si no nos movemos hacia la libertad de la fauna y flora de los trópicos, caerán en manos de las empresas más testarudas y más correbosques de todas.


 At. Joan Pere Pascual Díaz.

 

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